Hay un momento en toda obra que separa a los proyectos de los planos. El electricista sube el interruptor del circuito de iluminación por primera vez, delante del cliente, y ocurre una de tres cosas: enciende todo, no enciende nada, o enciende y vuelve a apagarse de golpe.
Ese instante no lo decide el diseño de luz. Lo decide una instalación eléctrica que casi nunca se diseñó pensando en luz. El reparto de responsabilidades suele ser este: el diseñador de iluminación entrega un plano de luminarias, el ingeniero eléctrico entrega un plano de circuitos, y nadie entrega la conversación entre ambos. Cada uno cumplió. El proyecto, no.
Este artículo es esa conversación, escrita para quien diseña la luz y no para quien la instala: los siete puntos donde un buen proyecto se pierde entre el plano y el interruptor, con los números concretos que hay que pedir para que no pase.
1. El interruptor que se dispara al encender
Es la falla más frecuente y la más desconcertante, porque todo está bien dimensionado y aun así el termomagnético abre en cuanto se energiza el circuito.
La causa es la corriente de arranque. Cuando un driver LED recibe tensión, sus capacitores de entrada están descargados y se comportan durante un instante como un cortocircuito. La punta resultante puede ser varios cientos de veces la corriente nominal y dura típicamente menos de un milisegundo. Un driver corriente de 150 W puede presentar un pico de 130 A durante 165 microsegundos, y su etiqueta dice 0.7 A.
Un solo driver no dispara nada. Veinte encendiendo a la vez sí, porque las puntas se suman. Y aquí está el detalle contraintuitivo: el problema no crece con la potencia instalada, crece con el número de drivers y con la simultaneidad del encendido. Un circuito con muchas luminarias pequeñas es más problemático que uno con pocas luminarias grandes de la misma potencia total.
La norma que caracteriza el fenómeno es la IEC 63129, que define los dos parámetros que hay que exigirle al fabricante: la corriente de pico (Ipeak) y su duración (tH50), medida al 50 % del pico. Con esos dos datos, el eléctrico calcula cuántos drivers admite cada protección. Un ejemplo de la guía de BEAMA:
Un interruptor de 10 A curva B que no dispara con 420 A durante menos de 250 µs admite, con drivers de 22 A de pico y 200 µs de duración, un total de 420 / 22 = 19 drivers encendiendo a la vez. Con drivers de 40 A de pico sobre una curva B de 16 A, el mismo método deja solo 6.
Las salidas son tres, y conviene decidirlas en proyecto y no en obra: subir la curva del interruptor (la B dispara a 3 veces la nominal, la C a 5, la D a 10), repartir el encendido en el tiempo con módulos de retardo o drivers con retardo aleatorio integrado, o instalar limitadores de corriente de arranque. La segunda suele ser la más elegante, porque no toca la protección.
2. La corriente que nadie calculó
Una luminaria de 100 W no consume 100 W desde el punto de vista del conductor. Consume volt-amperes, y la diferencia la marca el factor de potencia del driver.
Con factor de potencia de 0.85, esa luminaria demanda 118 VA: a 127 V son 0.93 A en lugar de los 0.79 A que sugiere la potencia nominal. El factor de potencia de los drivers LED va de 0.5 a 0.99 según la calidad del equipo, así que el error puede superar el doble. Multiplícalo por cuarenta luminarias y el circuito que se calculó holgado ya no lo es.
A esto se suma algo que se olvida: la iluminación es una carga continua, opera tres horas o más de forma sostenida. La regla correspondiente obliga a dimensionar la protección al 125 % de esa carga, lo que significa que un circuito no debe cargarse por encima del 80 % de la capacidad de su interruptor.
Lo que hay que pedirle al fabricante no es la potencia. Es la potencia, el factor de potencia y la distorsión armónica.
3. El neutro que se calienta
Este es invisible hasta que deja de serlo, y es propio de instalaciones grandes.
Los drivers LED son cargas conmutadas, es decir, no lineales: no toman corriente de forma proporcional a la onda de tensión, sino a pulsos. Eso genera armónicos, y los de orden tres y sus múltiplos tienen una propiedad incómoda. En un sistema trifásico, los armónicos de las tres fases normalmente se desfasan y se cancelan en el neutro. Los terceros no: están en fase entre sí y se suman.
El resultado es un conductor neutro que puede transportar más corriente que cualquiera de las fases, calentarse y degradarse, en un circuito donde nadie hizo nada mal según el cálculo convencional. La prevención es de proyecto: exigir drivers con distorsión armónica controlada, evitar el neutro compartido en circuitos de iluminación densos, o dimensionarlo con la holgura que corresponde a cargas no lineales. Se decide dibujando, no con el tablero ya armado.
4. La tira que se apaga hacia el final
El caso clásico de la iluminación lineal en baja tensión, y el error más visible para el cliente: una cornisa de veinte metros brillante donde entra la alimentación y notablemente más apagada, a veces más amarilla, en el extremo opuesto.
Es [caída de tensión](/glosario/caida-de-voltaje), y en corriente directa a baja tensión resulta brutal por una razón aritmética simple. El criterio habitual acepta 3 % de caída en el circuito derivado y 5 % total desde el origen, valores que en la NOM-001-SEDE aparecen como nota informativa, es decir, como buena práctica y no como requisito exigible. Aplica ese 3 % a distintas tensiones:
- En 220 V, el 3 % son 6.6 V de margen.
- En 127 V, son 3.8 V.
- En 24 V, son 0.72 V.
- En 12 V, son 0.36 V.
Menos de un volt de presupuesto para todo el recorrido. Por eso una tira de 24 V mal alimentada pierde brillo de forma perceptible en pocos metros, y una de 12 V lo hace en la mitad. La corriente, además, es alta: la misma potencia a 24 V circula a más de cinco veces la corriente que a 127 V.
Las soluciones son conocidas y hay que dibujarlas: alimentar por ambos extremos, inyectar en puntos intermedios, subir el calibre del conductor de baja tensión, acercar el driver a la tira, o preferir tiras de tensión de red o de 48 V en recorridos largos. Ninguna la puede tomar el instalador solo, porque todas deciden dónde queda el driver, y eso es una decisión de arquitectura. La calculadora de tira LED resuelve la caída y la luz que llega al extremo.
5. El dimeo que parpadea, o que no baja
Un atenuador y un driver pueden ser ambos excelentes y aun así incompatibles. Es donde más proyectos residenciales de alta gama quedan mal.
El primer asunto es el método de atenuación. El corte de fase que hace un atenuador de muro existe en dos variantes: por el frente, pensada para carga resistiva o inductiva, y por el final, pensada para carga capacitiva. Un driver electrónico es una carga capacitiva, y conectarlo al tipo equivocado produce zumbido, saltos y parpadeo. A eso se suma la carga mínima: muchos atenuadores exigen 20 o 40 W para operar de forma estable, y tres luminarias LED de 6 W no llegan. El resultado es una luz que titila en niveles bajos o que se apaga antes de alcanzar el mínimo.
El segundo asunto es el parpadeo propiamente dicho, que depende del driver aunque no haya atenuación. Es invisible a simple vista y perfectamente detectable por el sistema nervioso, y produce fatiga y cefalea. Las métricas existen y son especificables: PstLM ≤ 1 para el parpadeo visible y SVM ≤ 0.4 para el efecto estroboscópico, el que hace que un objeto en movimiento parezca saltar. Son los límites que la regulación europea de ecodiseño exige a los productos desde 2021. México no los exige, así que si no los pones tú en la especificación, nadie los va a garantizar.
La regla práctica es corta: no se especifica un atenuador, se especifica una pareja atenuador y driver validada por el fabricante, y se pide la lista de compatibilidad por escrito antes de comprar.
6. El bus de control que no llega
Cuando el proyecto usa control digital, el cableado de control es tan proyecto como el de fuerza, y suele ser lo último que alguien revisa.
DALI es el estándar habitual en iluminación arquitectónica y tiene límites físicos concretos: la fuente alimenta el bus a unos 16 V con un máximo de 250 mA, cada equipo consume hasta 2 mA, se admiten 64 direcciones individuales por línea y 16 grupos, la longitud máxima entre los dos equipos más distantes es de 300 m y la caída admisible en el bus es de 2 V. El bus no tiene polaridad, lo que perdona un error frecuente de cableado, y es bidireccional: cada luminaria reporta su estado y sus fallas. Esa es la ventaja real y la razón por la que cambia la operación de un edificio, como vimos en *El control como material de diseño*.
0-10 V es analógico y más simple, con tres limitaciones que conviene conocer antes de elegirlo: sí tiene polaridad, y al revés no funciona; cada driver drena alrededor de 1 mA, así que un atenuador de 50 mA controla del orden de 50 drivers y no más; y la señal viaja en un solo sentido, sin retorno de información. Además, cada zona necesita su propio par de control, lo que multiplica el cableado en proyectos con muchas escenas.
Lo que hay que definir en el plano no es "va con DALI". Es cuántas líneas, cuántos equipos por línea, dónde van las fuentes de bus, por qué ruta corre el control y qué zona pertenece a qué grupo. Un tablero terminado con un solo par de control tendido "por si acaso" es un proyecto de control que ya se perdió.
7. El diferencial que salta sin culpable
El más difícil de diagnosticar en obra, porque no hay ninguna falla que encontrar.
Todo equipo electrónico conectado a tierra tiene una corriente de fuga normal, producida por los filtros de interferencia a la entrada del driver. La norma de producto de luminarias permite hasta 3.5 mA por luminaria. En la práctica los valores reales son muy inferiores, pero se suman a lo largo del circuito.
Y aquí aparece una particularidad mexicana que sorprende a quien viene de referencias europeas. El dispositivo que la NOM-001-SEDE exige para protección de personas, el interruptor de circuito por falla a tierra, es clase A y dispara entre 4 y 6 mA, no a 30 mA como el diferencial europeo. Es mucho más sensible, y es obligatorio justo donde más iluminación decorativa se instala: baños, cocinas, exteriores, terrazas, albercas y sótanos.
La consecuencia es directa: un circuito de iluminación con varias luminarias detrás de un ICFT puede dispararlo por acumulación de fugas normales, sin que exista falla alguna. La prevención es de diseño: repartir las luminarias entre más circuitos, pedir al fabricante la corriente de fuga real por equipo, y no colgar toda la iluminación de una zona húmeda de un único dispositivo.
Lo que el diseño de luz debería entregar
Los siete puntos se resuelven casi por completo con un solo documento que hoy casi nadie entrega y que debería acompañar a todo plano de luminarias. Una tabla, por circuito, con:
- Cantidad y tipo de luminarias y drivers.
- Potencia real y factor de potencia, para calcular la corriente de diseño en VA.
- Corriente de pico (Ipeak) y duración (tH50), para dimensionar la protección.
- Corriente de fuga a tierra por equipo, cuando el circuito va detrás de un ICFT.
- Protocolo de control y equipos por línea, con la ubicación de las fuentes de bus.
- Tensión de operación y longitud de tendido en las líneas de baja tensión.
- Tipo de atenuación y pareja atenuador-driver validada.
Es una hoja. Y es la diferencia entre un proyecto que enciende bien el primer día y uno que se ajusta a martillazos durante tres semanas.
Marco práctico: la coordinación que sí funciona
1. Antes de especificar. ¿Pediste los datos eléctricos completos, no solo potencia y flujo? Si la ficha no los trae, pídelos por escrito o cambia de producto.
2. Al dibujar circuitos. ¿Se agruparon por escena y por simultaneidad de encendido, o solo por proximidad física? Repartir el arranque es gratis en el plano y caro en obra.
3. En baja tensión. ¿Dónde queda cada driver y cuántos metros hay al extremo más lejano de la tira? Esa distancia es decisión de proyecto, no detalle de instalación.
4. En control. ¿El plano indica líneas, grupos, direcciones y fuentes de bus, o solo el nombre del protocolo?
5. En producto. ¿Las luminarias y componentes cuentan con la certificación aplicable en México? Es lo que separa un equipo verificable de uno que solo trae una ficha bonita.
6. En recepción. ¿Se probó el encendido en frío, el barrido de atenuación hasta el mínimo, cada escena y la lectura de fallas del bus, antes de firmar?
Fuentes
- BEAMA. *Guide to Circuit-breaker Selection for LED Lighting* (2021), avalada por el Institution of Lighting Professionals. (fuente primaria)
- Secretaría de Energía. NOM-001-SEDE-2022, Instalaciones eléctricas (utilización), DOF, 13 de marzo de 2023.
- *NOM-030-ENER-2016*, Eficacia luminosa de lámparas LED integradas para iluminación general.
- DALI Alliance. *DALI-2 systems and components*: límites eléctricos del bus.
- TRILUX. *Understanding inrush current in LED drivers*.
- Gigahertz-Optik. *Flicker measurement of solid-state lighting products*: métricas PstLM y SVM.
- KINENERGY. *Contactos GFCI: qué son y cómo protegen a las personas*, umbral de disparo del ICFT clase A.
Diseñemos tu luz
En Lightonomy no iluminamos espacios: diseñamos la manera en que se perciben. Bajo nuestra metodología Light-Integrated Design, la arquitectura, la luz y su instalación se resuelven como un solo sistema, del concepto a la puesta en marcha, para que lo que se dibujó sea exactamente lo que enciende.
¿Tienes un proyecto donde la luz no puede fallar el día de la entrega? Conversemos. Escríbenos a lightonomy.design@gmail.com, síguenos en Instagram @lightonomy.mx o visita lightonomy.mx.

